Son muchos los factores
madurativos que intervienen en el aprendizaje de la lectura y de la escritura
(orientación espacial, habilidades cognoscitivas, maduración lingüística,
desarrollo motriz…), pero es definitivo y fundamental que el niño y la niña
estén rodeados de un ambiente pedagógico adecuado y que exista una metodología
didáctica correcta.
Al igual que ocurre con el
aprendizaje de la escritura, los niños y las niñas necesitan poseer unas
competencias, unos prerrequisitos
básicos sin los cuales es materialmente imposible conseguir una lectura
exitosa. Estos factores elementales son, a grosso modo, los siguientes:
•
Un adecuado desarrollo del lenguaje oral. Cada vez se le da más
importancia a los aspectos lingüísticos en este proceso, entendiendo que la
lectura es una proyección más del lenguaje oral y que, por tanto, será difícil
el aprendizaje exitoso de la misma sin poseer unas competencias lingüísticas
suficientes, tales como riqueza de vocabulario, adecuada conjugación de los
verbos, correcta estructuración del discurso y correcta articulación de los
fonemas. Sin un adecuado desarrollo del lenguaje oral es realmente complicada
la adquisición de la lectura, siendo esta una de las causas más frecuentes de
fracaso en dicha tarea.
• Un adecuado desarrollo psicomotor. Constituye uno de los
factores fundamentales en el desarrollo del niño y de la niña, de forma
especial en los primeros años de su vida. Dentro de este aspecto, destacan la
importancia de una correcta integración del esquema corporal (ser consciente de
las distintas partes del cuerpo y de sus movimientos), una adecuada definición
de la lateralidad (predominancia diestra o zurda sin alteraciones) y una
correcta orientación espacial y temporal.
• Un suficiente nivel intelectual. Los niños y niñas con
niveles mentales bajos manifiestan mayores dificultades en el aprendizaje de la
lectura, si bien se entiende que un cociente intelectual de 60 es suficiente
para lograrlo.
• Un desarrollo perceptivo adecuado. Afecta principalmente al
desarrollo de la lectura la percepción visual, auditiva, espacial y temporal,
es decir, el reconocimiento adecuado de los colores, las formas, los tamaños,
las posiciones, las distancias, los movimientos, los relieves y los sonidos de
los objetos que le rodean.
• Un adecuado desarrollo afectivo y emocional. Es
importante que el niño y la niña se desarrollen en un entorno que les posibilite
un desarrollo emocional adecuado, así como suficientemente estimulador. En el
trasfondo de numerosas alteraciones de aprendizaje (incluidas las de la
lectura) aparecen déficits afectivos que actúan como auténticos bloqueadores
del desarrollo general del menor. Igualmente importante resulta que el escolar
posea un adecuado nivel de motivación respecto a las tareas escolares en
general y al aprendizaje de la lectura en particular.
Hay que
señalar que estos factores o elementos fundamentales en el desarrollo del niño
no tienen por qué madurar al mismo ritmo, por lo que es fácil encontrar, por
ejemplo, niños y niñas muy inteligentes pero con un deficiente desarrollo
psicomotor o con retraso en el desarrollo del lenguaje, que cuando llega el
momento de aprender a leer presentan dificultades de diverso tipo y en distinto
grado.
La labor
educativa empieza siempre en las familias. Ellas desempeñan una labor
fundamental en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos e hijas.
Los niños y las niñas, desde muy pequeñitos, tienden a imitar los
comportamientos, los hábitos, los gestos… de las personas mayores que conviven
en el hogar y, por supuesto, también el gusto hacia la lectura. La familia y el
entorno en el que se desenvuelven durante sus primeros años de vida han
contribuido a la predisposición para el aprendizaje de las habilidades
lectoescritoras. Es importante que perciban de forma natural que en su entorno
se lee, que se disfruta de la lectura, que se maneja una gran variedad de
material impreso: libros, cuentos, revistas, periódicos, poesías… y, además,
que pueden disponer de materiales que les permitan dibujar, escribir,
garabatear, colorear, recortar, etcétera.
Es
fundamental rodear a los niños de factores que propicien su formación como
futuros lectores, que observen que en su entorno se lee para disfrutar y pasar
un buen rato. Deben disponer y tener acceso a libros y cuentos adecuados a su
edad, a sus gustos y a sus niveles de maduración, con formatos atractivos y
resistentes para ser manipulados. Con esto, podemos favorecer la adquisición
progresiva de las competencias necesarias para el aprendizaje de la lectura y
de la escritura: familiarizarse con los sonidos, empezar a conocer el lenguaje
escrito, descubrir colores y formas, iniciarse en el reconocimiento de
cantidades, letras, palabras... Familia y escuela deben ofrecer unos buenos
modelos a los menores.
El gusto
por la lectura fomenta la imaginación, perfecciona el lenguaje, desarrolla la
inteligencia y la capacidad de concentración, desarrolla la comprensión y la
expresión. Un adecuado aprendizaje de la lectura y de la escritura va a
impulsar un correcto desarrollo personal, social y el aprovechamiento escolar
de los menores.
Actividades que favorecen el aprendizaje de la lectoescritura
La manipulación
de libros, de cuentos, de revistas… va a favorecer el gusto por producir
mensajes orales cada vez más precisos y amplios y, posteriormente, facilitará
la aparición de los primeros mensajes escritos. Además, a través de los cuentos
tienen la posibilidad de conocer y observar paisajes, lugares, culturas,
personas, animales, objetos… Con ellos, podemos trabajar con los niños y con
las niñas comentando las ilustraciones, los personajes, describiendo paisajes,
elementos, vestido, imitar acciones y gestos, dibujar y colorear a algún
personaje, iniciarlos en la comprensión lectora, aumentar el vocabulario,
etcétera.
Es muy
importante emplear todos los días un tiempo a la lectura y limitar el espacio
que le dedican a la televisión, ya que está demostrado que esta los vuelve
perezosos y les resta tiempo para realizar otras actividades. Debemos
ofrecerles libros llamativos, con ilustraciones y colores, que utilicen un
lenguaje ajustado a sus capacidades, con frases claras y bien estructuradas, y
que, sobre todo, estimulen y desarrollen la capacidad de atención y de memoria.
En
Educación Infantil resultan muy interesantes los libros y cuentos cuyos
contenidos y personajes refuerzan los centros de interés que normalmente se
trabajan: la escuela, los animales, las plantas, la calle, la casa, la familia,
las diferentes estaciones, los medios de comunicación, los medios de
transporte…
Son
múltiples las actividades que favorecen el aprendizaje de la lectoescritura:
actividades para desarrollar la motricidad fina, de orientación espacial, de
articulación, de discriminación visual, de desarrollo del lenguaje oral,
actividades para trabajar los trazos, de pronunciación, etcétera:
• La
educación física, ya que contribuye a desarrollar cualidades motrices, la
orientación espacial, el esquema corporal, etcétera.
•
Lectura de cuentos en voz alta.
•
Recitado de poesías, adivinanzas, retahílas…
•
Ejercicios bucofaciales: soplar, mover la lengua, chupar, pronunciar con
distintas intensidades, repetir palabras, bostezar, hacer pedorretas, silbar…
•
Juegos educativos de palabras.
•
Descomponer palabras en sílabas.
•
Buscar el elemento diferente a una serie dada.
•
Buscar una letra o una sílaba en una palabra dada.
•
Aprender aumentativos y diminutivos.
• Juegos
de formas, de colores, de semejanzas.
•
Manejar y hojear todo tipo de material escrito.
•
Recortar letras.
•
Repasar grafismos con el dedo.
•
Construir letras con distintos materiales: papel, plastilina, cuerdas…
•
Picar grafismos con un punzón.
•
Ejercicios de iniciación al dictado.
•
Lectura de pictogramas.
•
Trazar grafismos en el aire, sobre papel, sobre arena.
•
Completar palabras, frases, títulos…
•
Trabajar la lateralidad.
•
Juegos de orientación espacial.
• Lectura
de imágenes siguiendo la direccionalidad de la escritura y de la lectura.
•
Elaboración de carteles sencillos.
•
Realizar rompecabezas y dominós.
•
Participar en las actividades que promueva el centro escolar, como
cuentacuentos, aportación de material gráfico, etcétera.
•
Copiado de letras, palabras o frases sencillas.
•
Juegos interactivos que desarrollen habilidades lectoras adecuados a la edad.
Hay que
dejar a los niños y a las niñas que participen e intervengan en las
narraciones, que manipulen los cuentos, que den opiniones, que inventen finales
y títulos, que pregunten sobre el argumento, hay que darles libertad para que
elijan sus propios libros. Todo ello fomentará un progresivo gusto por la
lectura, estimulará la creatividad y favorecerá el desarrollo global de la
persona.