jueves, 6 de noviembre de 2014

El aprendizaje de la lectoescritura



     Son muchos los factores madurativos que intervienen en el aprendizaje de la lectura y de la escritura (orientación espacial, habilidades cognoscitivas, maduración lingüística, desarrollo motriz…), pero es definitivo y fundamental que el niño y la niña estén rodeados de un ambiente pedagógico adecuado y que exista una metodología didáctica correcta.

Al igual que ocurre con el aprendizaje de la escritura, los niños y las niñas necesitan poseer unas competencias, unos prerrequisitos básicos sin los cuales es materialmente imposible conseguir una lectura exitosa. Estos factores elementales son, a grosso modo, los siguientes:

•  Un adecuado desarrollo del lenguaje oral. Cada vez se le da más importancia a los aspectos lingüísticos en este proceso, entendiendo que la lectura es una proyección más del lenguaje oral y que, por tanto, será difícil el aprendizaje exitoso de la misma sin poseer unas competencias lingüísticas suficientes, tales como riqueza de vocabulario, adecuada conjugación de los verbos, correcta estructuración del discurso y correcta articulación de los fonemas. Sin un adecuado desarrollo del lenguaje oral es realmente complicada la adquisición de la lectura, siendo esta una de las causas más frecuentes de fracaso en dicha tarea.
•  Un adecuado desarrollo psicomotor. Constituye uno de los factores fundamentales en el desarrollo del niño y de la niña, de forma especial en los primeros años de su vida. Dentro de este aspecto, destacan la importancia de una correcta integración del esquema corporal (ser consciente de las distintas partes del cuerpo y de sus movimientos), una adecuada definición de la lateralidad (predominancia diestra o zurda sin alteraciones) y una correcta orientación espacial y temporal.
•  Un suficiente nivel intelectual. Los niños y niñas con niveles mentales bajos manifiestan mayores dificultades en el aprendizaje de la lectura, si bien se entiende que un cociente intelectual de 60 es suficiente para lograrlo.
•  Un desarrollo perceptivo adecuado. Afecta principalmente al desarrollo de la lectura la percepción visual, auditiva, espacial y temporal, es decir, el reconocimiento adecuado de los colores, las formas, los tamaños, las posiciones, las distancias, los movimientos, los relieves y los sonidos de los objetos que le rodean.
•  Un adecuado desarrollo afectivo y emocional. Es importante que el niño y la niña se desarrollen en un entorno que les posibilite un desarrollo emocional adecuado, así como suficientemente estimulador. En el trasfondo de numerosas alteraciones de aprendizaje (incluidas las de la lectura) aparecen déficits afectivos que actúan como auténticos bloqueadores del desarrollo general del menor. Igualmente importante resulta que el escolar posea un adecuado nivel de motivación respecto a las tareas escolares en general y al aprendizaje de la lectura en particular.

Hay que señalar que estos factores o elementos fundamentales en el desarrollo del niño no tienen por qué madurar al mismo ritmo, por lo que es fácil encontrar, por ejemplo, niños y niñas muy inteligentes pero con un deficiente desarrollo psicomotor o con retraso en el desarrollo del lenguaje, que cuando llega el momento de aprender a leer presentan dificultades de diverso tipo y en distinto grado.

La labor educativa empieza siempre en las familias. Ellas desempeñan una labor fundamental en todo el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos e hijas. Los niños y las niñas, desde muy pequeñitos, tienden a imitar los comportamientos, los hábitos, los gestos… de las personas mayores que conviven en el hogar y, por supuesto, también el gusto hacia la lectura. La familia y el entorno en el que se desenvuelven durante sus primeros años de vida han contribuido a la predisposición para el aprendizaje de las habilidades lectoescritoras. Es importante que perciban de forma natural que en su entorno se lee, que se disfruta de la lectura, que se maneja una gran variedad de material impreso: libros, cuentos, revistas, periódicos, poesías… y, además, que pueden disponer de materiales que les permitan dibujar, escribir, garabatear, colorear, recortar, etcétera.

Es fundamental rodear a los niños de factores que propicien su formación como futuros lectores, que observen que en su entorno se lee para disfrutar y pasar un buen rato. Deben disponer y tener acceso a libros y cuentos adecuados a su edad, a sus gustos y a sus niveles de maduración, con formatos atractivos y resistentes para ser manipulados. Con esto, podemos favorecer la adquisición progresiva de las competencias necesarias para el aprendizaje de la lectura y de la escritura: familiarizarse con los sonidos, empezar a conocer el lenguaje escrito, descubrir colores y formas, iniciarse en el reconocimiento de cantidades, letras, palabras... Familia y escuela deben ofrecer unos buenos modelos a los menores.

El gusto por la lectura fomenta la imaginación, perfecciona el lenguaje, desarrolla la inteligencia y la capacidad de concentración, desarrolla la comprensión y la expresión. Un adecuado aprendizaje de la lectura y de la escritura va a impulsar un correcto desarrollo personal, social y el aprovechamiento escolar de los menores.
Actividades que favorecen el aprendizaje de la lectoescritura

La manipulación de libros, de cuentos, de revistas… va a favorecer el gusto por producir mensajes orales cada vez más precisos y amplios y, posteriormente, facilitará la aparición de los primeros mensajes escritos. Además, a través de los cuentos tienen la posibilidad de conocer y observar paisajes, lugares, culturas, personas, animales, objetos… Con ellos, podemos trabajar con los niños y con las niñas comentando las ilustraciones, los personajes, describiendo paisajes, elementos, vestido, imitar acciones y gestos, dibujar y colorear a algún personaje, iniciarlos en la comprensión lectora, aumentar el vocabulario, etcétera.

Es muy importante emplear todos los días un tiempo a la lectura y limitar el espacio que le dedican a la televisión, ya que está demostrado que esta los vuelve perezosos y les resta tiempo para realizar otras actividades. Debemos ofrecerles libros llamativos, con ilustraciones y colores, que utilicen un lenguaje ajustado a sus capacidades, con frases claras y bien estructuradas, y que, sobre todo, estimulen y desarrollen la capacidad de atención y de memoria.

En Educación Infantil resultan muy interesantes los libros y cuentos cuyos contenidos y personajes refuerzan los centros de interés que normalmente se trabajan: la escuela, los animales, las plantas, la calle, la casa, la familia, las diferentes estaciones, los medios de comunicación, los medios de transporte…

Son múltiples las actividades que favorecen el aprendizaje de la lectoescritura: actividades para desarrollar la motricidad fina, de orientación espacial, de articulación, de discriminación visual, de desarrollo del lenguaje oral, actividades para trabajar los trazos, de pronunciación, etcétera:

•  La educación física, ya que contribuye a desarrollar cualidades motrices, la orientación espacial, el esquema corporal, etcétera.
•  Lectura de cuentos en voz alta.
•  Recitado de poesías, adivinanzas, retahílas…
•  Ejercicios bucofaciales: soplar, mover la lengua, chupar, pronunciar con distintas intensidades, repetir palabras, bostezar, hacer pedorretas, silbar…
•  Juegos educativos de palabras.
•  Descomponer palabras en sílabas.
•  Buscar el elemento diferente a una serie dada.
•  Buscar una letra o una sílaba en una palabra dada.
•  Aprender aumentativos y diminutivos.
•  Juegos de formas, de colores, de semejanzas.
•  Manejar y hojear todo tipo de material escrito.
•  Recortar letras.
•  Repasar grafismos con el dedo.
•  Construir letras con distintos materiales: papel, plastilina, cuerdas…
•  Picar grafismos con un punzón.
•  Ejercicios de iniciación al dictado.
•  Lectura de pictogramas.
•  Trazar grafismos en el aire, sobre papel, sobre arena.
•  Completar palabras, frases, títulos…
•  Trabajar la lateralidad.
•  Juegos de orientación espacial.
•  Lectura de imágenes siguiendo la direccionalidad de la escritura y de la lectura.
•  Elaboración de carteles sencillos.
•  Realizar rompecabezas y dominós.
•  Participar en las actividades que promueva el centro escolar, como cuentacuentos, aportación de material gráfico, etcétera.
•  Copiado de letras, palabras o frases sencillas.
•  Juegos interactivos que desarrollen habilidades lectoras adecuados a la edad.

Hay que dejar a los niños y a las niñas que participen e intervengan en las narraciones, que manipulen los cuentos, que den opiniones, que inventen finales y títulos, que pregunten sobre el argumento, hay que darles libertad para que elijan sus propios libros. Todo ello fomentará un progresivo gusto por la lectura, estimulará la creatividad y favorecerá el desarrollo global de la persona.