martes, 24 de marzo de 2015

Cómo afrontar las conductas inapropiadas de nuestr@s hij@s



La agresividad es un comportamiento que podemos entender como normal en estas edades, siempre que transcurra en un tiempo limitado y por unos cauces que no lleguen a generar problemas importantes de relación. Hay que tener en cuenta que los niños y niñas, hasta que cumplen el año, suelen tener una vida bastante tranquila y un comportamiento bastante pasivo. A partir de ese momento, con el inicio de la marcha, el niño y la niña se muestra cada vez más activo y, en ocasiones muestra comportamientos agresivos inconscientes, como destrozar objetos que tienen a mano, molestar e incluso pegar a sus compañero y compañeras…, todo ello de manera impulsiva porque todavía tienen dificultades para saber controlarse. Conforme el niño o la niña van madurando y tiene edad para reflexionar sobre su conducta, y sobre todo, para ponerse en el lugar de los demás, debe aprender a reprimir su agresividad, normalizando poco a poco su comportamiento.

El problema lo encontramos cuando persiste la conducta agresiva y la incapacidad para controlar los impulsos, ya que ello genera el rechazo de los demás y, como consecuencia, el niño p la niña que muestra este comportamiento se siente frustrada. La propia frustración alimenta de nuevo la agresividad y puede generar problemas en el futuro, como dificultades de adaptación, baja autoestima, fracaso escolar…

Una de las grandes dificultades de los padres y madres, es por tanto, saber cómo tratar la conducta agresiva de sus hijos e hijas, antes de que estas generen dificultades que puedan complicar verdaderamente su desarrollo personal y social.

Los factores que influyen en la aparición y en el mantenimiento de conductas agresivas son, fundamentalmente, de tipo orgánico y socio-familiar. Alteraciones de tipo hormonal, mecanismos cerebrales, estados de mala nutrición, problemas de salud, etc. influyen en el comportamiento agresivo, pero la influencia de la familia supera la de cualquier otra desencadenante. Hay que tener en cuenta que la familia lo es todo para el niño o la niña, sobre todo en las primeras edades en las que su dependencia es total. La familia es su modelo de actitud, de disciplina, de conducta y de comportamiento. No hay que olvidar que la conducta agresiva de un niño es en buena medida un comportamiento aprendido.

Algunas orientaciones que deben seguir los padres y madres para prevenir y/o reducir las conductas agresivas de sus hijos e hijas son, entre otras, las siguientes:
-          Tratar al niño o a la niña con la mayor tranquilidad, sin ponernos nerviosos. Cuanto más relajadamente abordemos el tema, mayores garantías de éxito tendremos.
-          Utilizar siempre un lenguaje libre de insultos y amenazas. Dirigirnos siempre al pequeño con tono adecuado y sin agresividad.
-          No utilizar el castigo físico, solo conseguiremos ofrecer así un modelo de comportamiento que reforzará su agresividad.
-          Procurar en casa un clima tranquilo y afectuoso, en el que el diálogo entre los miembro sea contante y fluido.
-          Ante la aparición de los primero comportamientos agresivos, como empujones, tirones de pelo, mordiscos, patadas, rotura de juguetes u objetos de la casa, negaciones bruscas…., reprender al niño o a la niña con firmeza y contundencia, pero sin gritos ni malos tratos.
Ante situaciones especialmente violentas, en las que los niños y las niñas pierden verdaderamente el control, utilizar el “tiempo fuera”, llevándolo a un sitio aparte hasta que se tranquilice, sin darle mayores explicaciones en ese momento.
Utilizar una tabla semanal en la que se vean claramente sus avances y se identifiquen sus conductas inapropiadas. Establecer un sistema de premios en el que el niño o la niña participen.
Reforzar las conductas apropiadas, alabándolas cada vez que se produzcan y/o premiándolas cada cierto tiempo con algo que al niño o a la niña le puede gustar (llevarlo al cine, al parque, comer fuera…).
En los casos que sea persistente su conducta agresiva y no responda a las pautas marcadas por los padres o las madres, recurrir a un profesional especializado antes de que se pueda convertir en un verdadero problema.

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